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Grises acantilados,
de verdor en las peñas,
anochecer aislados
y caricias risueñas.

Segados descampados,
montículos de leños,
amanecer mojados
y refugio de sueños.

Destello que se marcha,
que se muere y renace
cuando se forma escarcha
y el calor se deshace.

Con vaho acristalado,
tras encaje amoroso
en cumbres y derroche,
nuestro ardor sosegado,
escucha así en reposo,
la mudez de la noche.

Porque tu amor y el mío,
unidos se condensan,
como el vapor y el frío…

…en los meses de estío,
cuando oscurece el día
y amanece el rocío.
 
Autor:
©José Manuel Rodríguez
voz del
propio autor

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