
Casi al final del verano,
a once días del otoño,
fuiste aquel nuevo retoño
al que besamos la mano.

Llegaste de madrugada,
estrenando un nuevo día
de una semana encantada
rebosante de alegría.

Adelantada en la espera
con ganas de salir fuera,
tu mamá te dio a luz ella,
luz que ya brilla hechicera
allá en lo alto cual estrella.

Orgulloso de su niña,
tu papá estaba sonriente
y juntos como una piña,
todos hicimos por verte.

Hasta Álvaro con su bibe
trataba de complacerte;
a su modo el siente y vive
y empieza nena a quererte.
   
Bienvenida tú, sobrina mía.
Bienvenida tu, Irene nuestra.
 
Autor:
©José Manuel Rodríguez
Gijón 10 de septiembre de 2008

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